lunes, 13 de octubre de 2008

Bésame, yo tuve una Atari.

En tiempos en los que todo lo que lleva H mola, (HQ, HD, HDMI), me pongo tierno al pensar que, aunque alguno que otro todavía no se lo crea, mi primera consola fue una Atari… y flipaba con ella: ¡Atari Powah madafaka! xD

Abrías la caja y aquello era la máquina puntera de la vida: Carcasita negra, muy ligera, diseño dinámico e innovador, una chapita con el logo… y un par de botones a ambos lados de la ranura del cartucho muy, pero que muy aptos para miopes con dedos como morcillas de Burgos. No te podías equivocar de botón, no señor.

Damas y caballeros, les presento a mi primer amor.

A priori hubieron varias cosas que me llamaron la atención, puntos muy positivos que me hicieron disfrutar más de mi primera consola, escuche usted, señora:


Lo primero y principal, Dios, el joystick, MI joystick, herramienta de destrucción, azote de extraterrestres invasores, compañero de tardes emocionantes y causante de fatigas manuales (no, no es lo que estás pensando) Bien diseñado, de liviano peso y más sencillo que el mecanismo de un botijo oiga, con el palito diriges y con el botoncito saltas/disparas/aleteas/cavas/preparas callos con chorizo…

Despues la sencillez con la que se instalaba la consola y se conectaba a la televisión te resultaba casi insultante: enchufe, toma de antena y cartucho, y a volar. Igualito que ahora, que para conectar una consola moderna, entre el cable de corriente, el euroconector, los mandos, el cable usb, el de red, la salida digital para los altavoces y la madre que los parió, te tienes que sacar un máster, o ser un fiebre como yo, como vayas a pelo, te vuelves loco, de hecho, el manicomio está lleno de instaladores consoleriles de pacotilla, así que piénsatelo antes de cometer un error, pequeño noob.

Y por ultimo, pero no por ello menos importante (Last but not Less, que dirían los giris)La solidez del cartucho del juego. Era basto, muy basto. Un tocho negro con forma rectangular del que sobresalía por la parte de abajo una pequeña placa con pines metálicos los cuales se insertaban en una ranura de la consola una vez que se introducía el susodicho en la susodicha (xD). Todo encajaba sencillo, como un Tente.

Hasta parece que cuando le das a un botón va a sonar: "la vaca hace: -!Muuu!"


Y por fin llegó el momento de encender la bestia, el maxi-botón ON-OFF me pedía a gritos que lo empujara hacia la posición de encendido, que esa es otra, o sea, ¿Dónde se ha visto un botón que no se pulse, sino que se empuje? Esque la Atari partía la pana, chaval.

A lo que iba, la máquina empezó a funcionar… y aquello ni logo, ni presentación, ni menú principal ni leches en vinagre, ¡Acción directa! Deja los menús a los restaurantes y las presentaciones al PowerPoint, las configuraciones son para nenazas.

Creo que el cartucho con el que venía la consola tenía ochenta y pico juegos, y era curioso, porque la forma de pasar de un juego a otro era por la sencilla regla del off-on, la tenías encendida, y deslizabas el botoncito abajo al off y seguidamente arriba otra vez al on en una sucesión rápida. Se vé que los de Atari conocían al detalle al público español y a nuestra forma de arreglar todo tipo de aparatos complicados: “el reseteo”.

Tardes y tardes invertidas en diversión monocromática y píxeles como puños, lo que podría ser perfectamente la pesadilla de un epiléptico. Pero yo disfrutaba, pasabas de ser un vaquero disparándole a otro a través de una carreta a ser el doble de Tarzán saltando de liana en liana charcos de cocodrilos en la décima de segundo que tardabas en hacer el off-on. Ochenta y pico juegos, significaban más de ciento setenta pulsaciones de botón para volver al juego inicial, y si por la inercia de estar dándole al botoncito te pasabas del juego que estabas buscando… hala machote, otras ciento setenta pulsaciones más. Fuimos una quinta de dedos-índice-super-desarrollados.

O este tipo se pasó con las pulsaciones, o necesita una novia urgentemente.


Me acuerdo también que me compré otro cartucho, y en éste se lo habían montado un poco mejor, el mecanismo para cambiar de juego era sencillo… y complicado a la vez: Había dos filas de cuatro pequeñas patillas dispuestas a lo largo del cartucho, y dependiendo de la posición en la que colocaras cada una de las patillas, era un juego u otro, te evitabas el tener que pulsar tantas veces el botoncito de encendido y apagado, pero te obligaba a tener siempre contigo una especie de mapa que te iba diciendo qué patilla pulsar para cada juego, porque sin mapa aquello era como: “OMG, i want to die!”.

Casi me llegué a aprender la posición de las patillas de los 20 o 30 juegos que más me gustaban, era capaz hasta de descifrar el código de Matrix si me daba la gana, pero no la habían rodado todavía. Toca fastidiarse, Neo.


En definitiva, la Atari fue la consola que me abrió el camino de la diversión lúdico-festiva, y a día de hoy mi afición por los juegos me ha enseñado muchas cosas, como coordinación, reflejos, y… pos… pero oye, ¿y lo bien que te lo pasas, eh?

2 comentarios:

  1. ¡Ah! La Atari, Sueño imposible para un pobre niño de familia humilde como yo. Jamas pude tener una y se me iban los ojos cada vez que la veía en un escaparate o en un anuncio de la tele. Afortunadamente algo vino a amortiguar mi soledad, el único, el inimaginable, el insustituible ¡¡¡Spectrum!!!
    Espero que al leer su nombre todos os hayáis levantado reverencialmente con una mano en el pecho.

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  2. En mi casa también hubo una Atari, Atari 2000 o 2mil y pico, no llego a tanto. Era más de mi hermano, y yo entre jugar a la calle y estar pegado al televisor prefería la calle. Pero sí recuerdo algunos juegos, sobre todo imágenes y flashes de jeugos de boxeo, uno y alguno más vagamente como el PacMan o uno de aviones
    (que acabo de ver en YT!!!). Y sobre todo, recuerdo un ode ski, éste

    No tiene rpecio la colección de juegos de atari que hay en YouTube!!

    En fin, luego hubo sequía y hasta la Mega-Drive no hubo consola en casa. Qué tiemposs

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Sucios piratas dicen: