lunes, 7 de julio de 2008

De cuando me acabé el Ghost'n Goblins (y no es coña)

En todo manual de psicología de la señorita Pepis que se precie de ser riguroso, uno de los primeros temas que se aborda es el de los traumas infantiles como forma de explicar trastornos de la personalidad en la vida adulta. Gracias a ésto, me he podido a dedicar a justificar todas las rarezas que afloran en mi persona desde la adolescencia justificándolas con "lo mío" con el Ghost'n Goblins. Lo malo es que a día de hoy con mi madre no me funciona y con mi novia menos, así que, niños, escuchadme. Un trauma en la infancia no es un recurso, no es algo divertido, y no se puede entrar a las fiestas de moda diciendo que tienes un trauma con un videojuego ochentero, porque la masa de esteroides de la puerta, no va a tragar con el cuento y vuestros amiguitos y allegados, menos todavía. En este humilde blog, los asiduos ya tienen idea de la raíz de mi trauma. Lo que no sabéis es que como buen masoca que soy, opté por volver a conducir mi patología a la superficie, cuando, tras más de una década separado del juego, aunque no repuesto de sus secuelas, se combinaron en mi vida mi primer pentium, y una cosa llamada MAME que emulaba arcades clásicos en el ordenador. Y claro, como la carne es débil, pues sucumbí al lado oscuro y me volví a enganchar. Como sucede con dos viejos amantes que hace años que no se ven, GNG y yo empezamos con prudencia, con un poco de vaselina no fuera a ser que nos hiciésemos daño... así... despacito... así... ¿ves cómo es fácil? (observad, niños lo que los juegos de los ochenta han hecho con mi pobre mente). Por fin llegó el día D. Tras más de dos meses estaba mental y arcádicamente (bendito palabro) preparado para el reto. El día, el último del año. Hora. Las cuatro de la tarde. Apoyo logístico, una caja de mazapanes. Y a matar, matar y matar. Tras dos horas haciendo estragos entre los coleguitas del maligno, al fin me lancé a tumba abierta, esta vez armado con la cruz, a por los dos demonios. Y sólo precisé media caja de mazapanes. Tras varias vidas liquidadas, al fin, en una de esas, me tocó la lotería, los batí y pude al fin, ver la cara al mamonazo responsable de mis traumas (no, no el tipo de Capcom que diseñó el juego, hijo de mala madre y varios padres desconocidos) que no era otro que Satán. Sin más aspavientos. Satán. Siendo franco, me decepcionó, porque me duró dos asaltos pero bien está lo que bien acaba... y sólo son las ocho... ¿que se acabó? Sí claro... ya... Pues no. En cuanto el tipo se desintegra a golpe de cruz un letrero sobre fondo negro te dice, traducción libre, que te jorobes, que con pasarte una vez el juego no hay suficiente crueldad y que vuelvas al inicio y lo hagas todo de nuevo si quieres ver el final. ¿Qué hacer? Lo que haría todo buen friky. Un mazapán para dentro y a volver a limpiarme escoria infernal hasta llegar de nuevo a los dos demonios, bien pasadas las diez de la noche, con mi madre gritando que bajase a cenar y teniendo que arreglarme para salir. Todo hombre sensato se habría rendido pero yo en mi vida he tenido un gramo de sensatez, lo que finalmente me condujo a acabar lo que había empezado una década antes... y por fin maté a los demonios, por fin maté a Satán y por fin pude ver al panoli de Sir Calzoncillo comiéndole la boca a la princesa más secuestrada de la historia de los arcades. La moraleja es que esa noche me llevé muchas broncas, pero me las llevé de buen grado, porque entre eso y haber encontrado a una mujer fabulosa, ahora estoy completo. Sólo diré algo. Si al leer esto os sentís tentados de coger el MAME y probar a ver qué pasa jugando al GNG.... vosotros mismos. Si no, preguntad a cualquiera que me conozca y os dirá que desde que tenía diez años, yo no he sido el mismo. Lo dicho. Los traumas infantiles, no son un juguete. Entendido esto, si os animáis, apechugad luego con las consecuencias y la pasta en psicólogos que os dejéis.

3 comentarios:

  1. El consejo es bueno, pero creo que cualquiera que entre dos veces en tu blog es porque ya tiene algún trastorno infantil más o menos profundo.

    El primer paso es reconocerlo, al menos. Seguiremos la te4rapia.

    Saludos

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  2. ¡Que entereza! ¡Que valor!

    Los pelos como escarpias se me han puesto al leerte relatar con tanta serenidad tan profundo trauma. No hay duda que el friki de pro esta hecho de otra pasta.

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  3. YA DECIA YO...ALGO TIENE QUE TENER ESTE EN LA CABEZA, PORQUE NO ESTÁ BUENO

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Sucios piratas dicen: